¿Cuál es el rol del adulto en el juego de los niños?

Este post es la séptima entrega de una serie de entradas dedicadas a difundir la ponencia que ofrecí en la Jornada Académica, Lúdica y Cultural “Identidades Lúdicas de todos los tiempos y culturas” 2012, organizada por la Asociación IPA Argentina en agosto de 2012. Tal y como expliqué de forma extensa en el primer post de la serie, mi intervención consistió en una conferencia grabada en Barcelona, la cual estuvo dividida en 10 preguntas. Siendo pues este el séptimo post de la serie, toca dar respuesta a la séptima pregunta: ¿cuál es el rol del adulto en el juego de los niños?

Toda sociedad que reconoce el derecho de los niños al juego, le permite franquear verdaderamente sus primeros pasos en la vida, ya que el niño que juega es un niño ocupado intensamente en conocer el mundo y en configurar las competencias y habilidades que le llevaran de manera sana a la edad adulta. Denise Garón (pedagoga)

Cuando me planteo esta pregunta, me vienen a la mente dos palabras: pasión y discreción. Se trata de dos actitudes importantísimas a desarrollar durante el tiempo de juego con el niño/a. La primera, la pasión, hace referencia a la etapa previa al momento de juego en si mismo, que es en realidad la etapa más importante.

Antes del juego, los adultos debemos garantizar el espacio para jugar; que se trate de un espacio estimulante, que permita el juego. Debemos también proveerles de tiempo para jugar, y garantizar de que además de su agenda repleta de actividades tengan ese tiempo para jugar. Los adultos necesitamos ocuparnos también de garantizar la calidad de los materiales con los que van a jugar (juguetes, telas, etc). Y finalmente, debemos asegurarnos de generar un clima propicio al juego, que los niños se sientan lo más a gusto posible para jugar libremente. Es en esta etapa previa al juego donde los adultos debemos ser muy activos, puesto que debemos organizarlo todo con la máxima pasión para que el juego de los niños se pueda desarrollar en su plenitud máxima.

Una vez todo está listo, empieza la segunda etapa, que podríamos llamar “durante el juego”. En esta segunda fase, la palabra clave es discreción, así como también respeto. Mientras los niños juegan, los adultos debemos tener en cuenta lo siguiente:

 – Mantener un clima cálido y de confianza, que permita el juego.

– Crear un espacio sin prisas, dando tiempo, disfrutando del presente.

– Dejar espacio al error, puesto que en el juego todo es posible, y por lo tanto el error no existe.

– Reconocer y valorar los sentimientos que aparecen en el juego, sin juzgarlos: ¡en el juego no se juzga!

– Permitir y motivar el uso no convencional de los objetos y de las ideas. En el juego las sillas dejan de ser sillas para convertirse en coches o motocicletas, y las manos pasan a ser mariposas! Cualquier objeto toma una dimensión diferente cuando se encuentra entre las manos de un niño.

– Motivar y estimular… ¡pero sin prisas, ni objetivos a cumplir! Sin presión.

– Transmitir hábitos de cuidado de los juguetes.

– Establecer normas y límites. Para jugar deben existir las normas, puesto que si no existieran… ¿cómo nos las saltaríamos?

– Interesarnos por sus interés y aficiones: cualquier cosa que interesa a un niño debe también interesarnos a nosotros. Y a la vez, debemos también esforzarnos por interesarlos a ellos por nuestros intereses.

– Buscar espacios de complicidad con los niños.

Sobretodo, no debemos olvidar que los niños necesitan adultos alegres, positivos y con sentido del humor, capaces de disfrutar y vivir con espíritu lúdico su vida. Es decir, ¡capaces de jugar!

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