Después del Spark Pool of Talent: el poder del juego

Estoy convencida de que sin la magia del juego Spark no hubiese sido Spark.

Sin duda, concentrar a 45 personas con la expectativa de mostrarse y dejarse evaluar por 4 consultoras, necesita del coraje de esas personas, pero también de saber crear el clima de comunicación y confianza suficiente para que realmente puedan mostrarse espontáneamente y relajadamente, dejando aflorar sus cualidades, sin forzarlas, ni sobreactuarlas o bloquearse. Si os soy sincera, uno de mis “terrores” era que alguien pudiera sentirse cómo en El método Grönholm, la antítesis de lo que queríamos construir.

Así, una vez más, el juego, propuesto desde la libertad, la emoción y la honestidad, se mostró como la herramienta más eficaz.

La narrativa proporcionó humor y fantasía y nos ayudó a todos a entrar en el “como si…”, lo que provocó curiosidad, expectativa y enseguida creó complicidad. En este caso la narrativa, además de funcionar como hilo conductor, nos permitió entrar en juego y eso significa, consciente o inconscientemente, situarnos en el presente y permitirnos el margen de error necesario para sentirnos, más seguros y poder crear, proponer, arriesgarnos, en definitiva, mostrarnos.

El factor tiempo, como en muchos juegos, también tuvo un papel relevante y no sólo porque queríamos cumplir con el horario propuesto, sino porque forma parte de los retos, sobre todo si nos encontramos en la simulación de un viaje espacial.

La colaboración, empatía y socialización, base de las actividades relacionadas con el networking, favorecieron la conversación informal y, por lo que supimos, también la formal ya que al acabar la jornada un nutrido grupo de tripulantes se fueron al bar de la esquina a continuar conociéndose y a buscar sinergias entre ellos.

Pero el broche de oro se lo llevaron los juegos. Sí, sí, los juegos puros y duros.

Las risas, la desinhibición y la despreocupación propias de un clima de distensión y confianza dieron un salto cualitativo en el momento de ponerse a jugar literalmente. El grupo aceptó salir de su zona de confort y decidió jugar. Algunos lo hicieron desde el minuto uno. Otros “sufrieron” el contagio y, en un momento, el clima dio un vuelco, que al final del día los asistentes reconocieron y agradecieron.

Algunas pistas sobre los juegos escogidos: en ellos había reto, sorpresa, cierta dosis de transgresión, colaboración, competición, imaginación, creatividad y mucho humor, sin faltar el factor tiempo.

Y es que jugar es la mejor manera de aprender, así como de romper el hielo y relacionarse entre personas con intereses profesionales similares, crear confianza en un tiempo récord y, sobre todo, una buena excusa para que florezca el talento.

Esperamos, pues, que esta sea la primera de muchas actividades bajo una nueva marca con entidad propia.

Larga vida a SPARK!

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