El primer día de cole

Dejamos atrás el verano, y eso significa que para muchos niños y niñas se acerca un momento muy especial e importante: el primer día de cole. En realidad, no sólo es un evento importante para el niño, sino también (¡y quizás sobretodo!) para los padres y madres. Hay muchísimas ilusiones, nervios y expectativas en juego, y a menudo también demasiada presión (de los padres hacia el niño y, en particular, hacia ellos mismos): ¿cómo debo preparar a mi hijo para un día tan importante? ¿Cómo le ayudo a acostumbrarse a la nueva rutina? ¿Qué hago si llora y/o patalea enfrente de todos los demás niños y padres? Sin el ánimo de responder a todas las preguntas y sabiendo que nunca hay una sola respuesta correcta, quiero compartir pequeñas reflexiones y recomendaciones que creo pueden ayudar a facilitar el proceso y, sobretodo, abordarlo con menos angustia. Cabe recordar que cada niño y familia es un mundo, ¡de modo que lo que puede servir para unos puede que no sirva para otros! Sirvan como ejemplo de esta última frase los compañeros de colegio de Mafalda, pues son bien distintos unos de otros:

¿Cómo nos preparamos para el primer día de colegio?

Sabiendo como sabemos que el primer día de colegio conlleva un alto nivel de estrés a los niños y niñas, es importante desarrollar métodos para hacérselo lo más agradable posible. En primer lugar, debemos dejar nuestros miedos y reparos a un lado y convencernos honestamente de que comenzar “el cole” es bueno para ellos. Organizar ese día sin prisas va a resultar fundamental para poder vivirlo de manera positiva: dejar todo preparado el día anterior, incluso la ropa a ponerse; ir a dormir temprano, levantarnos con tiempo, disfrutar el desayuno, etc. Pero no sólo es importante la ida al colegio, también lo es la salida: irles a buscar al colegio, sin prisas y con tiempo para poder escuchar sus explicaciones o acoger sus silencios. Si además podemos hacer ese primer día algo extraordinario, como cenar todos juntos… cocinando su menú preferido les regalaremos una buena recompensa para una jornada difícil.

Por otro lado, conocer la escuela previamente, incluso a la maestra si es posible, aporta confianza y tranquilidad. Así que si tenemos la posibilidad de entrar en la escuela, o pasearnos por fuera (viendo el patio, las ventanas…), no lo dudemos. Crearles una sana y positiva expectativa va a resultar muy beneficioso. Para ello, podemos aprovechar los preparativos para ir explicándoles cosas de su nueva actividad, y compartir con ellos nuestra ilusión. Porque ha de ser para nosotras una ilusión ver crecer a nuestros hijos y ayudarles en su autonomía, confiando en sus capacidades.

En relación al tema de los horarios para acostarse y levantarse, sobra decir que se trata de un conjunto de normas y límites que cada familia posee por si misma. Desde mi punto de vista, la posición de los padres y madres no debe ser la de “intentar” que se acuesten temprano, sino “acostarlos temprano”. Hay cosas que deben ser innegociables, como su salud. Para hacerlo de manera positiva, podemos asociar ese momento a alguna cosa agradable para ellos: una partida de algún juego corto y tranquilo antes de acostarse, escuchar su canción preferida, un cuento en la cama, una sorpresa debajo de la almohada…No me refiero a nada comprado sino a pequeños juegos, como descubrir cada día qué muñeco va a querer dormir con él. También el despertar puede resultar motivador gracias a pequeños detalles o sorpresas; por ejemplo, ¿qué encontraremos escrito hoy en el espejo del lavabo?!

Con respecto al impacto que tiene el hecho de empezar a ir al colegio sobre la capacidad del niño/a para evitar hacerse pipí encima, sobra decir que se trata de un aprendizaje muy difícil que requiere mucho esfuerzo por su parte y mucha paciencia y confianza por la nuestra. El primer secreto es estar convencidos de que lo conseguirá y el segundo es que para conseguirlo, a menudo se pasa por una etapa en donde el pipí… ¡se escapa!! Para conseguir que no se pongan nerviosos o que puedan controlar su vergüenza, la mejor manera es no ponernos nervioso nosotros y vivir sin vergüenza esos pequeños fracasos. Difícilmente se supera un reto sin haber errado antes. Por último, va ayudar muchísimos vestirlos de manera cómoda, con pantalones sin botones que ellos puedan manipular fácilmente.

¡Preparemos la mochila!

En primer lugar, es importante decidir qué tipo de mochila usará el niño/a para ir a la escuela: ¿trolley o asas? Yo soy partidaria de las asas. Ningún niño debería llevar más peso que el que su espalda pueda transportar sin problemas. Las mochilas con asas les permiten tener las manos libres y eso, para ellos, va a resultar muy interesante, porque les da autonomía. Y una vez escogida la mochila, llega el momento de llenarla. Por lo que respecta al desayuno, a menudo las escuelas piden que los niños lleven su tentempié, que tomaran en el tiempo del recreo. Incluso muchas de ellas aconsejan a los papás sobre el tipo de tentempié más adecuado para la edad de los niños.

Más allá del desayuno, sin embargo, lo que de verdad le importa al niño es la siguiente pregunta: ¿puedo llevarme al colegio mi juguete favorito? Bien, la verdad es que muchas veces llevar un pequeño objeto les da seguridad. Se sienten protegidos con él. Aún así, deben conocer las normas del colegio, ya que la mayoría, propone que esos juguetes traídos de casa se compartan. Los niños deben estar dispuestos pues a aceptar las “reglas de juego”. Pero para muchos niños, el simple hecho de saber que su mascota va con ellos, aunque no salga de la mochila, les es suficiente.

Por último, un pequeño consejo más: preparar las cosas conjuntamente les ayudará a saber que llevan y dónde lo guardan. También les resultará útil llevar sus cosas marcadas. Podemos hacerlo con su nombre, pero también con su dibujo preferido: un sol, la luna, una flor, una tortuga… Por otra parte, cuantas menos cosas lleven, más fácil les será recordarlas y reconocerlas.

¡Ha llegado el día!

Como hemos visto en múltiples ocasiones, es muy natural que los niños lloren al tener que despedirse de sus padres a la puerta de la escuela. A menudo sólo pensamos en lo duro que es para el niño però… ¡qué momento más difícil para los papás también! El mejor truco es mantenernos serenos y no angustiarnos. Si los niños ven que nos inquietamos, nos ponemos nerviosos, o que hay la posibilidad de negociar… sus lloros aumentarán. Un beso tierno, unas palabras cariñosas pero seguras, mirándole a los ojos, explicándole que mamá o papá deben marcharse a trabajar, que estamos seguros de que va a pasar un buen día, de que después de la siesta, al cabo de un ratito corto vendremos a buscarle y que escucharemos todo lo que quiera explicarnos, van a ayudarle. Lo que no significa que deje de llorar. Si es así, no va a quedar más remedio, que armarnos de valor, e irnos, sin dilatar demasiado nuestra marcha. Lo más probable es que al cabo de un rato (más corto que largo) esté jugando con los otros niños sin acordarse demasiado de nosotros.

Por lo que respecta al acompañante del niño/a durante los primeros días o semanas, la verdad es que cualquier solución será mejor siempre y cuando la vivamos positivamente. Si papá o mamá pueden acompañarlo, magnífico, pero si no pueden y va a ser el abuelo quien lleve al niño al colegio, o la vecina junto con sus hijos, pues también estará bien. Sólo debemos evitar dos cosas: dar a ese primer día excesiva importancia, acompañando al niño toda la familia: papá, mamá, los abuelos, la tía…; o bien vivir con angustia el hecho de que no podamos ser nosotros quien lo acompañe ese primer día. Vernos contentos y tranquilos va a ser el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos.

Ya para terminar, una último tema de vital importancia: la posible tentación de “permitirle” saltarse el colegio un día si vemos que se le hace muy duro ir. Desde mi punto de vista, si algo hay que tener clarísimo como padres y madres es que ir o no al colegio no es una tema “negociable”. Hay niños que les gustará ir des del primer día y a otros que les costará más adaptarse. Para estos niños, es bueno que nos vean convencidos y seguros de la decisión. Permitir que se queden un día en casa hará la adaptación más larga y difícil para ellos y para nosotros. Los niños necesitan límites para crecer en autonomía, confianza y autoestima. Cuanto más pequeño es un niño, más difícil le resulta escoger o decidir. Esa es nuestra responsabilidad y no deberíamos trasladarsela a ellos. En caso de que muestre un fuerte rechazo lo mejor es hablar con la maestra y buscar estrategias conjuntas.

A modo de conclusión quiero enfatizar, como ya he hecho al principio de esta reflexión, que cada niño es un mundo, como lo es también su familia. Así pues, tampoco es bueno obsesionarse con según qué recomendaciones o pautas, ya que no todo servirá por igual. Lo más importante es siempre demostrarle a nuestros hijos que nosotros, sus padres, somos los primeros que estamos contentos y tranquilos con respecto al inicio de su etapa escolar, y que les apoyamos y queremos por encima de todo.

Quisiera también lanzar algunas preguntas para facilitar el diálogo, intercambiar distintas reflexiones y resolver dudas en el caso de que el artículo no haya sido lo suficientemente claro. A todos aquellos padres que afrontáis en pocos días el primer día de colegio de vuestro hijo o hija, ¿cómo os estáis preparando para la experiencia? ¿Qué otras cuestiones os preocupan? Y para aquellos padres que ya vivieron esta experiencia, ¿qué estrategias os dieron buen resultado? ¿Qué recuerdos guardáis del primer día de colegio de vuestros hijos?

Para acabar, solo desearos que disfruteis de esa preciosa etapa que comenzáis junto a vuestro hijo. ¡Bienvenidos al cole!

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