Si el juego es una capacidad, ¿cómo se desarrolla esa capacidad?

Este post es la quinta entrega de una serie de entradas dedicadas a difundir la ponencia que ofrecí en la Jornada Académica, Lúdica y Cultural «Identidades Lúdicas de todos los tiempos y culturas» 2012, organizada por la Asociación IPA Argentina en agosto de 2012. Tal y como expliqué de forma extensa en el primer post de la serie, mi intervención consistió en una conferencia grabada en Barcelona, la cual estuvo dividida en 10 preguntas. Siendo pues este el quinto post de la serie, toca dar respuesta a la quinta pregunta: si el juego es una capacidad, ¿cómo se desarrolla esa capacidad?

Igual que a caminar aprendemos caminando… la capacidad de jugar se desarrolla jugando. Volvamos a Johan Huizinga, el autor del que ya hablamos en este post. Él nos dice lo siguiente: “El Juego es una acción LIBRE, efectuada “como si” y vivida fuera de la vida corriente, pero que a pesar de ello, por el PLACER que provoca, puede apasionar completamente al jugador, sin que implique ningún interés material ni beneficio, siendo así total GRATUIDAD”. Analizemos tres palabras que salen en esta frase:

1) Actividad libre y espontánea: el juego es una conducta intrínsecamente motivada, no se puede obligar a jugar. Se puede obligar a manipular un objeto o a participar en un juego, pero a la actitud lúdica de la que hablamos al principio, a eso sí que no se puede. Si es obligado ya no será vivido como juego por el jugador. Existe una adivinanza que siempre me viene a la cabeza cuando pienso en esta reflexión sobre el juego como acción libre: Cuando lo nombras, desaparece… ¿qué es? ¡El silencio! Con el juego pasa lo mismo: cuando el jugador cree que hay algún objetivo detrás del juego, el juego desaparece.

2) Placer: no se trata del placer de no hacer nada, si no del placer ligado a la satisfacción que sentimos al superar un reto; es un placer vinculado con el esfuerzo, para el cual debemos estar activo.

 3) Gratuidad: el juego es una actividad gratuita. Jugamos por el simple placer de jugar, sin esperar ningún beneficio extra. Ningún niño juega a arquitecturas porque esté esperando a mejorar su capacidad de orientación espacial y ser un buen arquitecto de mayor, si no simplemente porque le gusta crear e inventar espacios.

Para desarrollar la capacidad de jugar, hace falta pues respetar esa naturaleza del juego como actividad libre, placentera y gratuita. Pero también hemos de garantizar 4 aspectos fundamentales que el juego necesita: TIEMPO para disfrutarlo; ESPACIOS donde desarrollar este juego, donde se permita cometer errores; COMPAÑEROS de juego, otros niños con los que jugar; y ADULTOS que valoren este juego y transmitan a niños y niñas que su juego es importante, y así les estimulen a mantener y desarrollar su capacidad de juego.

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