La brecha de «sueños»

¿Qué sería de la humanidad si dejara de soñar? No me refiero a los sueños que nos llegan cuando dormimos, sino a aquellas ilusiones y anhelos que son motor de nuestra vida personal y colectiva y la iluminan.

Soñar es una capacidad del ser humano que nos permite imaginar futuros, desearlos, perseguirlos. Carl Sandburg, escritor y poeta estadounidense decía: “Nada sucede sin que haya primero un sueño”. Ciertamente, soñar y desear algo no significa, automáticamente, que se pueda o que sepamos materializarlo. Pero es un primer paso, indispensable, si queremos ser personas protagonistas de nuestras vidas, si queremos guiar y conducir nuestra existencia conectadas a nuestro proyecto vital (otra manera de llamar a los sueños). Yo diría que los sueños están hechos de luz, aunque a veces produzcan muchas sombras. De luz que nos orienta, nos guía y nos conecta con nuestra esencia, con nuestra misión en la vida.

Escribo en internet: ¿De qué están hechos los sueños? Y me aparece esta respuesta de Pamela Williamson, de 16 años: “Los sueños son nuestra idealización de la región del tiempo que todavía no hemos habitado”.

Niños y niñas tienen, pues, una larga “región del tiempo por habitar”. Por eso sueñan tanto, “se encantan” en sus sueños, viven en sus sueños. En la niñez los sueños están hechos de inocencia y libertad, además de ilusiones. Su mente y su corazón libres les permiten imaginar ser lo que quieran ser. Sobrepasan la realidad tangible y realmente sueñan en grande: sueñan a ser sirenas, dragones, deportistas de fama, súper héroes y heroínas, e incluso a ser Novita o formar parte de la patrulla canina. Pero también sueñan con aquellas profesiones u oficios que tienen cerca, como los de papá o mamá, familiares, personas famosas ¡youtubers! …

En la niñez representamos nuestros sueños jugando, sobre todo en el juego de imitación o juego simbólico, lo que llamamos “hacer como si…”. Representamos, jugando, esos sueños: volamos a la Luna, nos convertimos en cirujanas, veterinarias, cajeras de supermercado, conducimos camiones y ambulancias, acunamos un bebé… Podemos decir que los niños y niñas están hechos y hechas de sueños y sabemos que los sueños son frágiles, por eso se les ha de tratar con cuidado, mucho respeto y delicadeza.

Los sueños se rompen con sentencias como “tú no sabes”, “tú no puedes” o cuando llenamos a los niños y niñas de obligaciones y deberes, o nos centramos “por su bien” en entrenar sus capacidades y competencias, como si eso fuera la clave de su felicidad futura. Se rompen cuando el imaginario que les ofrecemos está lleno de color rosa, purpurinas, bebés a quien cuidar y muñecas adultas dispuestas a gustar, para las niñas, y monstruos coches, pelotas, y rojos y azules, para los niños.  Solo por la música (sin verlo) podríamos reconocer si un anuncio está pensado para sorprender y atraer a las niñas o a los niños. Porque sí, todavía hay anuncios diferenciados para niños y para niñas, cada uno con sus códigos. De esta manera, vamos rompiendo a pedacitos las alas que les permiten “volar sus sueños” y los vamos empequeñeciendo.

No solo reclamo la responsabilidad de los diseñadores, fabricantes, publicistas y distribuidores de juguetes, también de los diseñadores, fabricantes, publicistas, distribuidores de ropa infantil, y detrás de ellos, las familias y la sociedad entera.

Pero en el caso de las niñas, existe además una brecha todavía mayor entre ellas y su potencial. Sus sueños son cada vez más limitados, como lo es su juego simbólico, porque nuestras expectativas, las de la sociedad que las rodea, siguen siendo limitadas para ellas. Los estereotipos que reforzamos consciente o inconscientemente van generando gran cantidad de creencias autolimitadoras que empobrecen los sueños de las niñas y, con ellos, los sueños y el futuro de la humanidad entera.

Click aquí para ver el vídeo.

Preservar los sueños de la infancia y crear las condiciones para que niños y niñas se sientan libres requiere:

  • Darles libertad para que escojan ser quienes quieran ser e imaginarse cómo se quieran imaginar, sin juicios, ni prejuicios
  • Facilitarles referentes y, en concreto, reforzar los referentes femeninos, todavía muy ocultos, y ser especialmente sensibles a ello
  • Ser beligerantes con los que mantienen los estereotipos y premiar a aquellos que se esfuerzan por ofrecer una mirada igualitaria y respetuosa con la perspectiva de género.

Porque sus sueños, y los nuestros, están hechos de ilusiones, deseos, anhelos y aspiraciones para el futuro. Están hechos de nuestra esencia.

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